La Columna del Rabino: El Conocedor de los Secretos


Por el RAB ALE AVRUJ

El Conocedor de los Secretos

Por el Rabino Alejandro Avruj

El primer Tratado del Talmud se llama Brajot, aquí figuran todas las bendiciones de la tradición judía. A través de una bendición, una frase que contiene poesía y espiritualidad ante cualquier situación, podemos transformar lo que tenemos frente a nosotros en algo diferente, único, especial. En medio de la larga lista, Rab Hamnuna sorprende con una extraña fórmula: “Aquél que ve una multitud de personas debe recitar: Baruj jajam harazim, Bendito el Conocedor de los Secretos” (Brajot 58a).

En su Psicología de las masas Le Bon entendía que en la masa lo heterogéneo queda anegado por lo homogéneo. Sin embargo, nos dice Rab Hamnuna, incluso en lo imperceptible de lo individual dentro de una multitud, cada alma es única. Cada una guarda un secreto. 

En el final de nuestra Torá, aparece una enigmática frase: “Las cosas secretas pertenecen a Dios, y las reveladas a nosotros” (Deut. 29:28). El maestro jasídico Menajem Mendl de Kotzk (el Kotzker) enseña que la mayoría de las personas muestran hacia afuera y revelan sus méritos, logros y buenas acciones, mientras que guardan en la intimidad de la esfera privada sus errores, faltas, miserias y limitaciones. Pero advierte que sus alumnos eran diferentes: ellos mostraban hacia afuera sus errores y limitaciones, mientras se guardaban para ellos, en el secreto de su interior sus propios logros, virtudes y acciones de bien. No satisfecho, el Kotzker iba más allá aún. Él decía que muchos creen que ese tipo de personas – los que guardan en secreto sus buenas obras – son los verdaderos justos. Sin embargo, hay un estadío aún más alto que aquellos que esconden sus buenas acciones en secreto.  Son esas almas para quienes es un secreto, hasta para ellos mismos, saber que son justos. Es la diferencia entre “hacer” las cosas bien, o “ser” ese tipo de persona.

En ese mismo texto, se lo ve a Moisés hablando a una enorme multitud congregada frente a él. El profeta dedica sus últimos mensajes a todo su pueblo reunido: “Ustedes están hoy todos presentes. Jefes de tribus, ancianos y niños, hombres y mujeres, desde el leñador que corta tu leña hasta el aguatero que trae tu agua” (Deut. 29:10-11). 

Es seguramente el cuadro que imaginó Rab Hamnuna, cuando diseñó aquella bendición del comienzo. El Conocedor de los Secretos frente a toda su gente, en un ejemplo de inclusión de edades, sexo y posiciones sociales. Todos iguales. Cada uno diferente en sus secretos. 

Pero al leer mejor la descripción de esa multitud, la misma pasa de lo general a un par de trabajadores en especial: el leñador y el aguatero. El Ishbitzer Rebbe, el más grande de los alumnos del Kotzker, nos enseña que el leñador y el aguatero son en realidad clasificaciones espirituales que llevamos dentro del alma. 

La Torá nos dice: “Adam etz hasade, el ser humano es como un árbol del campo” (Deut. 20:19). El árbol somos nosotros, es por eso que necesitamos dentro nuestro, del leñador y del aguatero.

Allí muy dentro del alma habita nuestro Yo, a veces tan secreto hasta para nosotros mismos. En la búsqueda de desplegar nuestras ramas hay situaciones en las que nos creemos más de lo que somos, en las que pensamos que podemos alcanzar cualquier altura a cualquier costo. En ese momento es que necesitamos al leñador para podar nuestro ego, al leñador del alma para podar las ramas de la soberbia.

El otro trabajador espiritual es el aguatero que hay en nosotros. El que sabe del manantial oculto de donde abrevar. Ese mismo Yo que crece de más, muchas otras veces no reconoce todas sus fortalezas. El aguatero del alma es el que nos muestra el potencial que aún no explotamos, la creatividad y la personalidad que no nos animamos a revelar, el que nos guía para elevar las aguas de la propia estima.

Amigos queridos. Amigos todos.

En este nuevo año que empezamos en bendición, ése será el secreto. El de cada uno. La sabiduría espiritual radicará en hacer trabajar al leñador o al aguatero, en el momento preciso. Dejar de creer lo que no somos, y empezar a tener más fe en lo que podemos ser. Dejar de mostrar hacia afuera, y bucear más dentro. Entonces hacer que los trabajadores del espíritu logren de nosotros hacernos árboles de sombra generosa, y manantiales de agua fresca. Almas con emociones en armonía, respuestas con altura, reacciones en equilibrio, búsquedas más profundas y tiempos de más paz. Almas que descubran la belleza del secreto de ser más genuinos.

La familia de Amijai este año cambia el lugar, pero no su esencia. Seremos una multitud sagrada frente al Kadosh Baruj Hu, el Conocedor de los Secretos. Pero nosotros conocemos bien nuestro secreto: llevamos en nosotros la belleza, la espiritualidad, la Torá, el servicio, la música y la magia de Amijai dentro nuestro. Siempre.

El Árbol de Amijai se ve regado por la lluvia de Brajot de cada una de nuestras familias, que ofrendan su tiempo, su pasión, su creatividad y su Neshamá. Juntos hemos descubierto el más sagrado de los secretos: el sabernos imprescindibles dentro de una Kehilá vibrante, en constante crecimiento y compromiso con su misión.

En este nuevo año, pedimos al Conocedor de todos nuestros Secretos, Jajam Harazim, el que habita en los cielos de nuestra alma, para la multitud de almas de todo el mundo, un año de lleno de bendiciones de salud, de familia, de parnasá y de mucha paz. 

El Rab Ale Avruj es Rabino de la Comunidad Amijai, y vicepresidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana del Movimiento Masorti.

 


 

The Knower of Secrets

Rabbi Alejandro Avruj

The first Tractate of the Talmud, which is called Berakhot, includes all the blessings of the Jewish tradition. By means of a blessing —a phrase filled with poetry and spirituality for each and every occasion, we are able  to transform whatever is in front of us into something different, unique. Amidst a long list, Rab Hamnuna offers one with a surprising and unusual wording -“One who sees multitudes of people, recites: Baruch hacham harazim. Blessed He Who knows all secrets” (Berahkot 58a).

In his book “Psychology of Crowds”, Le Bon states that in any crowd, heterogeneity is overtaken by homogeneity. However, according to Rab Hamnuna, even when the individual nature is hard to perceive within a crowd, each soul is unique. Each one of them keeps a secret. 

At the end of our Torah, a puzzling phrase appears: “The secret things belong to God but the things that are revealed belong to us” (Deut. 29:28). The Hasidic Rabbi Menachem Mendel of Kotzk (the Kotzker) teaches us that most people openly display their merits, achievements and good deeds, while keeping their faults, errors, miseries and constraints for themselves, within their private lives. On the other hand, his disciples were different since they would show their mistakes and constraints to the world, but would secretly keep their achievements, virtues and honorable deeds for themselves. Not content with this, the Kotzker would even go further. He said that many people think that those who keep their good deeds as a secret are the righteous. However, there is even a higher level of righteousness. It has to do with the souls who are unaware of the fact that they themselves are righteous. It is the difference between “doing” the right things and “being” that type of person.

In the same text, we find Moses talking to a huge crowd gathered in front of him. The prophet devotes his final words to all his people: “You stand this day, all of you —your tribal heads, your elders, your children, men and women, from woodchopper to water carrier” (Deut. 29:10-11).

This is most probably the picture imagined by Rab Hamnuna, when he worded the blessing mentioned at the beginning. The Knower of Secrets in front of all his people, sets an example of inclusion as regards age, sex and social status. All equal. Each of them different in their secrets.

Yet when reading more carefully, the description of this crowd goes from people in general to a couple of workers in particular —the woodchopper and the water carrier. The Ishbitzer Rebbe, who was the Kotzker’s greatest disciple,  teaches us that the woodchopper and the water carrier are actually two spiritual categories that we carry in our souls.

We read in the Torah: “Adam etz hasadeh; the human being is like a tree in the fields” (Deut. 20:19). The tree is each of us. This is why we need the woodchopper and the water carrier within ourselves.

Deep into our souls lives our Self, at times so secret even for us. When seeking to unfold our wings, there are instances when we think we are better than we are, we believe we can reach any height at any cost. It is then that we need the woodchopper to prune our ego. We need a woodchopper of the soul to prune the branches of arrogance.

The other spiritual worker is the water carrier we all have inside. The one who knows about the hidden spring where we can find fresh water to drink. The same Self that may sometimes overgrow, other times may overlook its own strengths. The water carrier of the soul will show us the potentialities that we may have failed to exploit, the creativity and the personality that we don’t dare reveal to others. It may help us raise the water level of our self esteem.

My dear friends. My dear all,

During the new year we are about to begin in blessing, this will be our secret. The secret for each one of us. Our spiritual wisdom will depend on the way we make the woodchopper or the water carrier work for us, at the right time. We need to stop thinking that we are something we are not and put more faith into what we can be. We must cease to show ourselves outwards and dive deeper inwards. If we manage to do this, the spiritual workers will turn us into trees with generous shades, and springs with fresh water. Souls with harmonious feeling, commensurate replies, balanced reactions, deeper searches and times filled with more peace. Souls that will discover the beauty in the secret of being more genuine.

La familia de Amijai este año cambia el lugar, pero no su esencia. Seremos una multitud sagrada frente al Kadosh Baruj Hu, el Conocedor de los Secretos. Pero nosotros conocemos bien nuestro secreto: llevamos en nosotros la belleza, la espiritualidad, la Torá, el servicio, la música y la magia de Amijai dentro nuestro. Siempre.

The Amijai family moves to a different premise this year, but does not change in its essence. We are going to be a crowd standing in front of Kadosh Baruch Hu, the Knower of Secrets. However, we do know our secret well very well. We carry inside the beauty, the spirituality, the Torah, the religious service, the music and Amijai’s magic within ourselves. Always.

The Tree of Amijai is watered by a rain of Brachot from each of our families, who offer their time, passion, creativity and Neshamah. Together, we have revealed the holiest of all secrets —we acknowledge how essential we are within this vibrant Kehilah, in constant growth and committed to its mission.

As we begin this new year, we ask the Knower of all our Secrets, Hahah Harazim, He Who dwells in the heavens of our souls, a year filled with the blessings of health, family, parnasah and abundant peace for the multitude of souls around the world.

Rab Ale Avruj is Rabbi of Congregation Amijai and Vice President of the Latin American Rabbinical Assembly for the Masorti Movement.

También te puede interesar

Discursos de odio

Por JORGE KNOBLOVITS

La risa de los dioses

Por PAULA MARGULES

Talmud Torá

Por la LIC. CAROLINA IKONICOFF Y EL EQUIPO DE TALMUD TORÁ

Una oportunidad de renovación

Por la RAB. SARINA VITAS