El valor judío de la felicidad: vivir con gratitud e idealismo


Por el RAB SHMULY YANKLOWITZ


Por el Rab Shmuly Yanklowitz

Quien lea semanalmente las noticias judías podría llegar a creer que el judaísmo se opone al sentimiento de felicidad y está a favor de los sentimientos de preocupación, culpa y conflicto. Parecemos estar tan involucrados y obsesionados con nuestros problemas: el antisemitismo, la propaganda anti israelí, la asimilación, los casamientos mixtos, los escándalos, etc. Pero, en realidad, el judaísmo destaca fuertemente la importancia de la felicidad.

En los últimos años, se ha dado mucha relevancia al enfoque biológico, económico y filosófico de la felicidad. Pero, ¿qué sucede con el enfoque religioso? Las grandes virtudes religiosas, ¿pueden y deben ofrecernos una plenitud más profunda en nuestra vida? Las grandes virtudes de gratitud e idealismo no solo ayudan a mejorar las vidas de los demás, sino que nos enriquecen con una vida más feliz y gratificante.

Una de las famosas enseñanzas del gran rabino jasídico Rab Najman nos dice que “es una gran mitzvá estar siempre feliz”. Cuando estamos felices, podemos hacer todo mejor, por lo que la vida religiosa requiere que cultivemos la felicidad cuando ello corresponda. Cuando las cosas no andaban nada bien para los judíos hace 2500 años, el profeta le recordaba al pueblo la importancia de la alegría: “No te lamentes ni llores. Ve y disfruta eligiendo comida y bebidas dulces, y envíale un poco a quienes no tienen nada preparado. Este día es sagrado para el Señor. No te aflijas, porque la alegría del Señor es tu fortaleza” (Nehemías (8: 9-10). Existe un lugar para estar de duelo, pero el judaísmo valora la celebración de la vida.

Los rabinos enseñan que “la recompensa por cumplir con una mitzvá es la mitzvá en sí misma” (Avot 4:2). Más que provenir de una intervención metafísica, la sensación de bienestar que se experimenta, cuando se actúa correctamente, es precisamente la recompensa. Algunos sostienen que no existen los actos altruistas, debido a que uno se siente bien después de realizarlos. Este no es en absoluto el enfoque judío. ¿Cómo sería nuestra religiosidad si no nos sintiéramos bien después de actuar correctamente? Sentirse bien después de hacer lo correcto nos recuerda con claridad que vamos por el camino correcto y forma parte intrínseca de la personalidad ética. Uno de los mayores aportes que hace el judaísmo para potenciar el mejoramiento espiritual es “ivdú et Hashem beSimjá”, que debemos servir a D’s con alegría. Esto es lo que el judaísmo predica: debemos cultivar activamente la felicidad si queremos prosperar en esta vida. El pesimismo y el cinismo son vicios dentro del pensamiento judío.

Los psicólogos también descubrieron que el idealismo se encuentra correlacionado con la felicidad. Tal Ben-Schachar, profesor de psicología positiva en la Universidad de Harvard, nacido en Israel, escribió en “Happier”: “Ser un idealista es ser un realista en el sentido más profundo: es ser fiel a nuestra verdadera naturaleza. Estamos hechos de forma tal que realmente necesitamos que nuestras vidas tengan un significado. Sin un fin superior, un llamado, un ideal, no podemos alcanzar nuestro potencial total para la felicidad… Ser un idealista tiene que ver con un sentido de propósito que abarca nuestra vida entera; pero para que podamos ser felices, no alcanza con entender la vida como algo significativo a nivel general y panorámico. Necesitamos encontrar sentido a nivel específico en nuestra existencia diaria también”. Vivir de manera judía es vivir inspirados con el optimismo de poder construir un mundo más justo, más sagrado y con la fe de que existe un futuro promisorio para toda la humanidad.

Desde ya, el idealismo no es la felicidad absoluta, dado que vivir según nuestros ideales implica una lucha. Victor Frankl en su libro “El hombre en busca de sentido” explica: “Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones sino más bien esforzarse y luchar por una meta que esté a su altura. Lo que necesita no es eliminar la tensión a cualquier costo, sino buscar el significado potencial que espera ser alcanzado por él”. Cuando luchamos para alcanzar nuestros ideales, vivimos una vida con sentido. Para ello, no solo necesitamos coraje sino también a otros seres humanos (familia, amigos, mentores, comunidad espiritual). Por ejemplo, un estudio reciente ha demostrado que el orgullo nacional está relacionado con la felicidad.

Además de la lucha para vivir y perseguir nuestro ideal de futuro, los psicólogos nos enseñan la importancia de sentir gratitud en el presente. Esto queda claro en las enseñanzas rabínicas: “¿Quién es rico? Aquel que aprecia (es feliz con) su parte” (Avot 4:1). Para poder desarrollar esta cualidad, los rabinos enseñan que debemos ofrecer 100 bendiciones cada día (Menajot 42b). Estos son los momentos cuando frenamos, reflexionamos acerca de nuestra buena suerte y expresamos agradecimiento.

Quizás el evento más básico por el cual todos los seres humanos pueden sentir gratitud es por despertar cada mañana. Existe una bendición judía que celebra esta situación cotidiana milagrosa: “Expreso mi gratitud ante Tí, Rey Viviente y Eterno, porque me has devuelto el alma con compasión; ¡cuán grande es tu fidelidad!” El lograr ver que cada día es una bendición puede llevar a la verdadera alegría interior (sipuk nefesh).

Otro momento habitual para expresar gratitud es antes y después de comer. En las bendiciones judías al finalizar las comidas, se recitan las palabras “ve ajaltá ve savatá everirajtá” (comerás, te saciarás y bendecirás), para enseñar que no solo expresamos gratitud por comer, sino también por sentirnos llenos y satisfechos. Antes de correr a cumplir con nuestra siguiente voluntad, debemos detenernos para sentirnos plenos de gratitud y satisfacción (histapkut).

Por supuesto, la felicidad no puede ser nuestro único objetivo. Toni Morrison, al dirigirse a los graduados universitarios, lo expresó claramente: “Les ruego, por favor no se conformen con la felicidad. No alcanza. Por supuesto que la merecen. Pero si eso es todo lo que tienen en mente -la felicidad- quisiera que sepan que el éxito personal sin un significado profundo, sin el compromiso constante con la justicia social, no es solo una vida estéril; es una vida trivial. Es verse bien en lugar de hacer el bien”. A pesar de que debemos luchar para vivir con alegría, es necesario equilibrar esto con otros compromisos y valores de vida.

Cuando activamente cultivamos la gratitud y el idealismo, nos convertimos en seres más felices, mejor equipados para cambiar el mundo y vivir vidas que inspiran, comprometidos con las buenas acciones. El pueblo judío tiene mucho por lo que preocuparse, pero cuando infundimos alegría en nuestro accionar y compromiso, lo llevamos a un nivel superior, de forma más sustentable y significativa.

El Rabino Shmuly Yanklowitz es fundador y presidente de Uri L’Tzedek, director de Vida Judía y Educador Senior de Judaísmo en Hillel UCLA. Tiene un doctorado en psicología moral y epistemología de la Universidad de Columbia. Su libro “Ética judía y justicia social: guía para el siglo XXI” se encuentra a la venta en Amazon.


FUENTE:
Yanklowitz, S. (2012, marzo 9). Judaism’s Value of Happiness: Living with Gratitude and Idealism. Jewish Journal. https://jewishjournal.com/news/101919/

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